Había una vez una pirata que tenía un loro y un barco. Con ellos navegaba por el mar. Nuestra pirata se llamaba Mareada porque siempre se mareaba. Sólo se le pasaba el mareo cuando se bajaba del barco. Se mareaba porque el barco se balanceaba mucho.

Un día, la pirata mareada le dijo a su loro: voy a asomarme a la barandilla del barco a ver si me pasa el mareo. Cuando estaba asomada, vino una ola muy alta y la tiró al mar.

Un tiburón que aún no había desayunado se la comió. Su lorito se quedó muy triste y la empezó a llamar: “Pirata mareada, ¿Dónde estás?”.
-“Estoy aquí, estoy aquí”- le contestaba la pirata mareada.

Pero como estaba dentro de la barriga del tiburón, el lorito no la podía oír. Pero sí que la oyó el Pulpo Paul que nadaba cerca del tiburón.
- “Ahora te ayudaré” – dijo el pulpo Paul. Le pasó una y otra vez sus patas por la nariz del tiburón, hasta que lo hizo estornudar.
- ¡Atchís!- estornudó el tiburón. Estornudó tan fuerte que echó por la boca a la pirata mareada.

El lorito le tiró una cuerda y la pirata mareada subió otra vez al barco.
- “Esto no puede seguir así!!. Siempre que me mareo me pasa algo. Ya estoy harta de viajar en barco. Vamos a buscar una isla para vivir”- dijo la pirata mareada a su lorito.
Cogieron un catalejo y buscaron y buscaron hasta que encontraron una isla con palmeras. Dejaron el barco en la orilla y ellos dos se quedaron a vivir en la isla.

Un día llegó una ballena y se acercó tanto al barco para verlo que se quedó parada en al arena. La pirata mareada y su loro subieron al barco, le tiraron una cuerda a la ballena y estiraron suavemente hasta que la devolvieron al mar.
- “Como habéis sido tan buenos, os diré dónde está el tesoro. Está enterrado debajo de la palmera más alta”. – dijo la ballena.

La pirata mareada y su lorito encontraron el baúl, lo abrieron y vieron que estaba lleno de caracolas, perlas, oro, colares, vestidos… La pirata mareada y su lorito pudieron jugar a disfrazarse y se lo pasaron muy bien.